viernes, 19 de agosto de 2011

La importancia del manejo emocional en la terapia de lenguaje -


La importancia del manejo emocional en la terapia de lenguaje -


Introducción

Desde hace mas de una década  se ha desarrollado dentro del campo de la terapia de lenguaje un interés creciente por analizar el papel que juegan en el proceso terapéutico factores no relacionados con las  técnicas y estrategias especificas de intervención, como pueden ser las relaciones terapeuta-paciente. Terapeuta – familia, etc
La revisión de los estudios llevados a cabo ha puesto de manifiesto que los terapeutas del lenguaje emplean habilidades de relación interpersonal  de forma similar a los psicólogos o terapeutas de otras orientaciones teóricas; Sin embargo de acuerdo a observaciones de distintas prácticas comunes en terapia de lenguaje, estas habilidades o relaciones no son abordadas con intencionalidad profesional. La importancia del manejo emocional en el desarrollo terapéutico de lenguaje  se plasma de diferentes formas, ayudando  con su abordaje  en los distintos momentos de la intervención, de la misma manera que la carencia por parte del terapeuta de dicho manejo puede dificultar y entorpecer el proceso de intervención.
La educación emocional en la terapia del lenguaje es de mucha ayuda durante la infancia, época en la cual, la información se aprende a través del ejemplo.
Durante este periodo crítico de aprendizaje, los niños establecen sus aptitudes en el habla y el lenguaje, pueden considerarse buenas o malas, hábiles o torpes, etc.
También en esta etapa, los niños adquieren hábitos emocionales que coinciden con la visión que tienen de ellos mismos, se comportan siguiendo ciertas líneas y son tomados por los adultos como tales.

La mayor parte de modelos de conducta, se aprenden de los padres y las demás personas del entorno del  niño en este caso el terapeuta, conllevando a un determinado tipo de conducta cuya duración dependerá del tratamiento que se le dé.

El fin de este escrito dirigido a terapeutas es: que si los terapeutas son maduros e inteligentes emocionalmente, el niño recibirá mensajes positivos que le permitan entender las consecuencias de sus conductas y por qué estas son o no favorables; en caso contrario, si se es inmaduro emocionalmente probablemente se recurra a métodos tales como los gritos o agresiones físicas para corregirlos.  De lo anterior surge la hipótesis que los terapeutas en formación deben  explorar su parte emocional y realizar sus prácticas profesionales, en primera instancia con su niño interior.






Las emociones  y la terapia de lenguaje

Existe una creencia bastante extendida en el campo de la psicología y la psicopedagogía  que describe el acercamiento terapéutico desde los supuestos cognitivo-conductuales como un proceso frío, mecánico e impersonal que se desentiende de todos aquellos aspectos que no estén directamente relacionados con las estrategias y procedimientos específicos relacionados con el cambio y los resultados de la intervención.
En la consolidación y desarrollo de esta visión ha jugado un papel muy significativo el énfasis puesto, en los primeros momentos por parte de los terapeutas de lenguaje en sus publicaciones y trabajos, en diseñar y especificar técnicas y procedimientos de intervención que permitieran promover cambios empíricamente comprobables u observables, relegando a un segundo plano aquellos aspectos relacionados con la interacción personal entre terapeuta y el paciente. Cuando se hacía mención a este tipo de cuestiones se referían a ellas como “factores inespecíficos” o “no activos”, frente a los “componentes activos” que englobaban la aplicación concreta y estructurada de la técnica terapéutica y eran escasos los trabajos que recogían la importancia de estas variables de relación en el trabajo clínico.

A partir de los años 70 el interés de los terapeutas de lenguaje por el estudio e investigación de las características de las relaciones terapéuticas en la terapia se intensifica y surgen numerosos trabajos orientados a estudiar aspectos concretos de la relación terapeuta-paciente  y su interacción con distintos aspectos de la intervención, como puede ser el nivel de motivación, el seguimiento de instrucciones ,el manejo emocional, incluso los procesos psíquicos Transferencia, contratransferencia y tele[1]. La adhesión al tratamiento o sus efectos en la efectividad de las estrategias aplicadas.
La revisión de los estudios llevados a cabo ha puesto de manifiesto que los terapeutas del lenguaje emplean habilidades de relación de forma similar a los terapeutas de otras orientaciones, sin embargo estas habilidades terapéuticas pocas veces son tomadas en cuenta minimizando su valor en el proceso, pareciera que el terapeuta está más preocupado por la aplicación de Estrategias o técnicas, las cuales han de producir algún cambio en el paciente. –se supone- Lo anterior mecaniza el proceso terapéutico obstaculizando con ello los factores de cambio por parte del  paciente.

1. HABILIDADES TERAPÉUTICAS

El estudio sobre las distintas habilidades terapéuticas que van a influir en el proceso terapéutico dentro del marco rehabilitatorio ha permitido identificar tres grupos diferentes de habilidades o estrategias, compartiendo algunas de ellas con otros acercamientos terapéuticos y perteneciendo otras a la forma específica de trabajo que caracteriza a esta corriente.
Entre las específicas al terapeuta del habla y el lenguaje estarían las habilidades centradas en las estrategias terapéuticas y las habilidades centradas en el proceso terapéutico

En las habilidades centradas en las estrategias terapéuticas cabría hablar de la formación específica del terapeuta en la Terapia de el habla y el lenguaje oral o escrito , haciendo referencia al conocimiento de los principios, técnicas y metodología característica de este tipo de orientación
Se incluiría en este apartado especialmente su habilidad para efectuar una evaluación profunda no solo con aspectos relacionados al lenguaje, si no con procesos cognitivos, emocionales y de personalidad  formulando con ello hipótesis sobre el mantenimiento de las conductas-problema, proponiendo con ello  las estrategias de intervención más adecuadas de acuerdo a las hipótesis planteadas y aplicando de forma “correcta”[2] dichas estrategias.
En el apartado centrado en las habilidades de relación se encontrarían aquellos requisitos previos básicos para establecer una buena relación terapéutica. Empatía, calidez, mirar al otro como un ser humano, son algunos ejemplos.
En este apartado, convendría destacar, siguiendo las orientaciones de Ruiz y Villalobos (1994) y Ruiz (1998): “un interés genuino por las personas y su bienestar; el autoconocimiento; el conocimiento y cumplimiento de las cuestiones éticas relacionadas con el desempeño en el entorno del niño o el adulto.”
Se buscaría crear una relación, elemento común a todo proceso terapéutico, que proporcione a los pacientes la suficiente seguridad e intimidad como para revelar y trabajar su problema. Teniendo en cuenta que el motivo de consulta no es en si el problema, es más bien el síntoma y es trabajo de la relación Terapeuta-  Paciente descubrir la verdadera demanda terapéutica a manera de trabajar en ello. Hay que tener presente que en muchas ocasiones el acudir a terapia es vivido por parte del paciente y su familia como un fracaso personal, ya que se percibe como una burla por su problema del habla y el lenguaje como es el caso de la tartamudez o en los trastornos del habla (dislalias) .
En estas circunstancias crear un clima donde la persona se sienta respetada, no juzgada y entendida facilitará la colaboración y la implicación en el proceso de cambio.


2. EL PAPEL DEL TERAPEUTA  EN EL PROCESO DE TERAPIA DE LENGUAJE Y HABLA.

El papel del terapeuta de lenguaje a la hora de abordar una terapia se desarrolla en dos niveles diferentes. En primer lugar tiene que disponer de las estrategias diseñadas para ayudar a el paciente a adquirir unas habilidades que les ayuden a alcanzar una facilitación de su trastorno o dificultad en el proceso comunicativo, más satisfactoria, y en segundo lugar tiene que crear un contexto  lúdico y de confianza en el que se facilite el cambio y crecimiento emocional

En cada etapa de la terapia el terapeuta tiene que llevar a cabo una serie de tareas que son especialmente importantes para el proceso terapéutico.

2.1. La estructuración.

La terapia del lenguaje requiere que se mantengan los objetivos claramente estructurados de tal manera que el tiempo de terapia se utilice con la mayor eficacia. Por ello, el terapeuta debe mantener un papel activo, mas no  directivo, permitiendo al paciente  estructurar el orden del día de cada sesión, proponiendo y revisando  implícitamente en la relación cálida, algunas tareas encomendadas para ser trabajadas en el tiempo entre sesiones, y planteando las normas que requieren un obligado cumplimiento.

El terapeuta tiene también que estructurar el ritmo del trabajo terapéutico, asegurándose de que el problema actual está siendo abordado, y los objetivos y expectativas iníciales se están alcanzando. Para ello, es conveniente que a lo largo de la intervención, se lleven a cabo "retroalimentaciones" y evaluaciones de lo trabajado, revisando el progreso hecho en relación a los objetivos propuestos.






2.2. La motivación al cambio.

Las estrategias de estructuración son un medio para alcanzar un fin. Proporcionan un ambiente que permite trabajar sobre determinados aspectos de la patología de la comunicación humana. Sin embargo, una vez que se ha establecido el medio adecuado, es necesario que el terapeuta ayude al paciente a promover los cambios en su medio natural, fuera de la sesión clínica.
Para que esto tenga lugar, el terapeuta deberá favorecer la colaboración de los padres en el proceso terapéutico. Se recomienda abordarlo no como una obligación o una tarea, si no trabajando con los padres de familia mínimamente una vez por mes en sesión, Para ello se presentará un análisis introduciendo una perspectiva que implique causalidad recíproca y responsabilidad mutua del problema actuales que presenta el paciente , se trabajará  con ellos sus demandas, ansiedades, culpas etc.
Otra de las tareas que lleva a cabo el terapeuta de lenguaje es motivar a  el paciente, a que realice las tareas que se les pide que pongan en práctica entre las sesiones. El trabajo entre sesiones es un elemento crucial en la terapia de lenguaje. Sin embargo estas tareas deben ser recreativas y que promuevan la participación familiar así como la interacción con sus grupos secundarios.

La consolidación de los cambios trabajados en las sesiones clínicas se generalizará, más allá de la hora de terapia, en la medida el paciente ejercite en su hogar y en su vida cotidiana las nuevas habilidades.  Es recomendable una vez que hay avances en el proceso, que se concedan de diez a 15 minutos de la sesión a fin de explorar sentimientos y emociones que conllevan los cambios positivos en la vida cotidiana.
Muy a menudo, las tareas no se completan porque los clientes las mal interpretan, o  las olvidan. En estos casos y desde este modelo de atención no es responsabilidad del paciente, si no del terapeuta que no supo asignar tareas alcanzables para ese paciente.[3] En otras ocasiones las consecuencias inmediatas del cambio pueden tener un matiz aversivo o desagradable, como empleo de tiempo, esfuerzo, a la vez que disposición de arriesgarse, mientras que los beneficios son menos tangibles y están orientados a más largo plazo.
Para prevenir el no cumplimiento es conveniente que el terapeuta resalte la importancia de la realización de estas tareas en el trabajo terapéutico, y que estas tereas sean recreativas y alcanzables tanto físicamente como emocionalmente,  “nadie está obligado a lo imposible”. Es sugerente implicar  a los padres del niño en la realización, anticipando excusas potenciales de no cumplimiento, tratando a toda costa evitar  generar sentimientos culposos en los padres, es mayormente recomendable advertir sobre las consecuencias positivas que a medio plazo se pueden derivar de ellas y, por último, proporcionar a el paciente y sus progenitores descripciones precisas, y en ocasiones por escrito, de las tareas que tienen que llevar a cabo.
Cuando se da el no cumplimiento, es preciso que se trasmita el mensaje de que la no realización de las tareas es un problema serio que no puede ser ignorado o tomado a la ligera, En este caso se deben revisar las tareas asignadas y sugerir otras con menor nivel de complejidad, recordar que las tareas para casa no son en sí mismas la solución al motivo de consulta, solo pretenden apoyar el proceso, Por esto, en caso de no cumplimento se puede hablar de ello en la sesión a manera de re encuadrar el proceso.

3. LOS ROLES  EN EL PROCESO DE TERAPIA

Los roles hacen referencia a la habilidad para ponerse en el lugar del otro y desde ahí, comprender sus emociones, pensamientos y conductas, dándoles a entender que les comprendemos (Psicodrama, Blatner, 1988)[4]. Como señalan Ruiz y Villalobos (1994) Un terapeuta empático ha de ser capaz de entender adecuadamente no sólo los pensamientos y sentimientos que el paciente está expresando, reconociendo su significado, sino también las implicaciones emocionales, conductuales y cognitivas que tienen en su vida. La importancia de esta habilidad en el desarrollo terapéutico se plasma de diferentes formas, ayudando su presencia en los distintos momentos de la intervención, así como se puede ver dificultado y entorpecido el proceso cuando hay una carencia de dicha habilidad por parte del terapeuta.

3.1. La facilitación del proceso terapéutico  mediante la comprensión empática

La comprensión empática del terapeuta del lenguaje afectará al proceso de terapia de diversas maneras y en diversos momentos. Puede en un primer momento favorecer la colaboración del paciente, que al sentirse comprendido y entendido colabora de forma activa en el proceso bien proporcionando información relevante que ayuda a la evaluación, realizando los registros y comprometiéndose en la terapia.
La Terapia de lenguaje requiere para que se alcancen los resultados terapéuticos de la participación del paciente ya que es fuera de la sesión, en la vida cotidiana donde se ponen en práctica y ejercitan las estrategias y recursos mostrados en la consulta.
Además la conexión psíquica (Transferencia –contratransferencia)[5]  con el paciente potencia el establecimiento de una alianza terapéutica que permitirá que el terapeuta y el paciente estén de acuerdo sobre los objetivos y prioridades de la intervención lo que redundará en una mayor adhesión al tratamiento. La presentación de la información de forma inteligible, cercana al problema que presenta la persona mediante ejemplos tomados de su vida facilitará la comprensión y el acuerdo que se intensificará si el terapeuta respeta las críticas, objeciones o reservas que en un primer momento puede plantear el cliente.

Además la comprensión de la visión y vivencia del cliente facilitará la selección de las estrategias, adaptando el proceso de terapia al ritmo que la persona precisa, graduando cuidadosamente las dificultades de forma que la consecución de pequeños logros sirvan de aliciente para el mantenimiento del trabajo en la resolución de las dificultades. Se buscará por tanto la flexibilización necesaria para ajustar la intervención a la idiosincrasia del paciente de tal manera que la persona se perciba colaborando en la toma de decisiones lo que incrementará su responsabilidad en el proceso y reducirá la posibilidad de abandono.
Por último, la comprensión empática del terapeuta facilitará el abordaje al cambio presentes en todo proceso terapéutico, al explorar los sentimientos y percepciones del paciente que pueden estar en la base de sus dificultades.
La superación de estas situaciones problemáticas depende en gran medida de la forma que tienen los terapeutas de abordarlas. Las personas se suelen mostrar más dispuestas a seguir indicaciones e instrucciones cuando se encuentran en un entorno terapéutico cooperativo y no controlador.



3.2. El entorpecimiento del proceso por la ausencia de manejo emocional

Un terapeuta de lenguaje que falle en mostrar empatía y resonancia emocional[6] hacia el paciente establecerá una dinámica terapéutica que supondrá, en el mayor número de ocasiones, el abandono de la terapia o retrasará o reducirá la probabilidad de obtener unos resultados terapéuticos beneficiosos para el cliente. Así, en ocasiones, el terapeuta interesado más en conseguir información relevante para la evaluación que en escuchar y sentir  al cliente, puede dificultar la comunicación con el paciente, al cortar su discurso de manera reiterada. Las interrupciones frecuentes suelen vivirse aversivamente y se valoran como señales de desinterés por aquellas cuestiones que el paciente vive como más significativo.  Generalmente en los servicios de terapia de lenguaje el numero más significativo de pacientes son niños, sin embargo a ellos debe tratarse con los mismos principios arriba mencionados, a lo mejor un niño no puede decidir si abandona o no la terapia, pero si puede presentar conductas inadaptadas a manera de rechazo o aversión al terapeuta.
Asimismo, terapeutas interesados en poner de relieve su experiencia, conocimiento y autoridad suelen proponer pautas de acción de forma prematura, sin haber dejado el tiempo suficiente para que la persona trasmita todos aquellos aspectos que le preocupan y que desde su perspectiva son relevantes para la comprensión de su problema. Esta forma de actuar facilita la no adhesión o alianza terapéutica  ya que el paciente no siente que las pautas que se le proponen se ajusten a su circunstancia pudiendo valorar la intervención como un procedimiento estándar, ajeno a su problema.
Esto mismo sucede cuando por un énfasis excesivo en la consecución de resultados, por una excesiva preocupación por parte del terapeuta por su competencia y efectividad, se plantea un ritmo terapéutico inadecuado, que no se ajusta a las circunstancias personales del paciente, o se hace demasiado hincapié en la aplicación de las técnicas relegando o descuidando los aspectos relacionales y afectivos.[7] En estas circunstancias es frecuente que aparezcan los no cumplimientos de las tareas programadas, las dudas y recelos más o menos explícitos para seguir las instrucciones, las anulaciones de las citas programadas para finalizar en el abandono de la terapia.
Por último es importante señalar la enorme importancia que tiene para la motivación del paciente el reforzamiento de su trabajo y la valoración de sus esfuerzos. Hay una relación directa entre el tiempo que se dedica a la supervisión de las tareas y la adhesión del paciente a las mismas.
Lograr que las personas sigan las instrucciones y se involucren en el proceso terapéutico dependerá en gran medida de nuestras habilidades terapéuticas y, el contacto humano uno a uno.
Conclusiones Finales

- Los conceptos y teorías que tratan de englobar la actividad terapéutica funcionando óptimamente, nos señalan que existen no solo destrezas de la terapia del habla y lenguaje sino también destrezas en otros niveles, que le permitirían al paciente vivir en sociedad y funcionar efectivamente en ella.

- Se hace importante que el terapeuta adquiera la capacidad para escuchar al niño y sentir empatía respecto de sus emociones, no juzgarlo y aceptarle en su totalidad, así como respetar su forma de ser o de comunicarse, es conveniente recordar que a terapia pasa el niño en su totalidad y no solo su boca y si entra el niño también entra su familia así como su comunidad. (Teoría de sistemas)[8]

- La empatía  y manejo emocional en la terapia del lenguaje permite mejorar el desarrollo personal y calidad de vida del paciente conjuntamente con la manera de relacionarse con los demás así se crean posibilidades afectivas entre personas de esta manera se hace más cooperativo el trabajo y facilitan el sentimiento de afecto.

- Es necesario para los terapeutas en entrenamiento saber cómo formar sus sentimientos positivos como por ejemplo la esperanza, el amor y la alegría así como aprender la manera más adecuada de expresar nuestras emociones negativas tales como el enojo, el temor o la culpa de una manera inofensiva y productiva y cuando no debemos expresarlas, por ello sugerimos la exploración de estas emociones mediante ejercicios vivenciales y/o en el espacio terapéutico personal.



Referencias
Referencias bibliográficas

Buela-Casal, G., Sierra, J.C., López Polo, M.B. y Rodríguez Toledo, I.(2001): Habilidades terapéuticas y del terapeuta. En G. Buela-Casal y J.C. Sierra (Eds): Manual de evaluación y tratamientos fonoaudiológicos. Madrid: Biblioteca Nueva.
Clínica y Salud, 7, 271-292.
Goldfried, M. y Davison, G. (1994): Clinical Behavior Therapy. N.Y.: John Wiley & Sons.
Keijsers, G.P., Schaap, C.P. y Hoogduin, C.A. (2000): The impact of interpersonal patient and therapist behavior on outcome in therapy. Behavior Modification, 24, 264-298.
Newman, C. (1994): Understanding client resistence: methods for enhancing motivation to change. Cognitive and Behavioral Practice, 1, 47-69.
Ruiz Fernández, M.A. y Villalobos Crespo, A. (1994): Habilidades terapéuticas. Madrid: Fundación Universidad-Empresa.
Weiner, I.B. (1975): Principles in Psychotherapy, N.Y.: John Wiley & Sons.
Adam Blatner
Bases del psicodrama




















CITAS

La empatía en la terapia del lenguaje permite mejorar el desarrollo personal y calidad de vida del paciente conjuntamente con la manera de relacionarse con los demás así se crean posibilidades afectivas entre personas de esta manera se hace más cooperativo el trabajo y facilitan el sentimiento de afecto.

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Esto mismo sucede cuando por un énfasis excesivo en la consecución de resultados, por una excesiva preocupación por parte del terapeuta por su competencia y efectividad, se plantea un ritmo terapéutico inadecuado, que no se ajusta a las circunstancias personales del paciente, o se hace demasiado hincapié en la aplicación de las técnicas relegando o descuidando los aspectos relacionales

Además la conexión con el paciente potencia el establecimiento de una alianza terapéutica que permitirá que el terapeuta y el paciente estén de acuerdo sobre los objetivos y prioridades de la intervención lo que redundará en una mayor adhesión al tratamiento.

Es conveniente sacar a la luz preocupaciones, reservas o reacciones equívocas, de tal forma que puedan ser abordadas y se posibilite un mayor compromiso en la intervención.

Para que esto tenga lugar, el terapeuta deberá favorecer la colaboración de los padres en el proceso terapéutico. Para ello se presentará un análisis introduciendo una perspectiva que implique causalidad recíproca y responsabilidad mutua del problema actuales que presenta el paciente , tratar de promover la consideración de otros puntos de vista, facilitando la aceptación de responsabilidad en el mantenimiento de la situación actual.

Hay que tener presente que en muchas ocasiones el acudir a terapia es vivido por parte del paciente y su familia como un fracaso personal, ya que se percibe como una burla por su problema del habla y el lenguaje como es el caso de la tartamudez o en los trastornos del habla (dislalias) .

La importancia de la empatía en el desarrollo terapéutico se plasma de diferentes formas, ayudando su presencia en los distintos momentos de la intervención, de la misma manera que la carencia por parte del terapeuta de dicha habilidad puede dificultar y entorpecer el proceso de intervención.






[1] Según Moreno “la transferencia es el desarrollo de fantasías (inconscientes) que el paciente proyecta sobre el terapeuta, otorgándole una cierta fascinación”. Pero Moreno destaca otro proceso que también tiene lugar en el paciente. No todo es transferencia en los vínculos. El paciente, a la vez, percibe intuitivamente pero con cierta objetividad, qué clase de persona es el terapeuta. “Estas intuiciones de la conducta inmediata del terapeuta – física, mental u otra – son las relaciones Tele. Tele (del griego lejos, influencia a la distancia) es la percepción interna mutua de los individuos”. El factor tele es medido por los tests sociométricos.


[2] Desde esta propuesta de intervención terapéutica no existe una forma correcta o incorrecta de aplicar técnicas o estrategias de intervención, siempre y cuando el paciente sea el que guíe el proceso, tomándolo en cuenta como una persona con deseos y necesidades.
[3] Teoría de la praxis: La Teoría de la praxis es una propuesta científica en psicología, surgida en México a finales del siglo XX, que se concibe como heredera de la tradición dialéctica y producto de un diálogo respetuoso y crítico con algunos de los autores más importantes de la psicología.

[4] El psicodrama es un método de psicoterapia en el cual los pacientes actúan los acontecimientos relevantes de su vida en vez de simplemente hablar sobre ellos. Esto implica explorar en la acción, no sólo los acontecimientos históricos, sino lo que es más importante, las dimensiones de los acontecimientos psicológicos no abordados habitualmente en las representaciones dramáticas convencionales: los pensamientos no verbalizados, los encuentros con quienes no están presentes, representaciones de fantasías sobre lo que los otros pueden estar sintiendo o pensando, un futuro posible imaginado y muchos otros aspectos de los fenómenos de la experiencia humana. Aunque el psicodrama es usado habitualmente en un contexto grupal y puede ser un método muy útil para catalizar el proceso grupal (y, a su vez, ser catalizado por la dinámica grupal), no debe ser considerado como una forma de terapia específicamente grupal. Puede ser usado, como sucede en Francia, con varios co-terapeutas entrenados y un solo paciente. También puede usarse el psicodrama con familias o, inclusive, en una forma modificada, en terapias de lenguaje.
[5] En el terreno psicoanalítico definimos como transferencia al peculiar fenómeno mediante el cual un paciente proyecta inconscientemente sobre su terapeuta sentimientos, vivencias y emociones. De acuerdo a lo dicho, una persona verá en su terapeuta, y experimentará hacia él o ella, los mismos deseos y prejuicios que tuvo hacia sus padres y/o personas significativas de su infancia, sin tener claro por qué lo hace. Se sentirá entonces enamorado, rechazado, experimentará angustias, temores y anhelos, que le resultan difíciles de expresar y mucho menos entender.
En el otro lado de la mesa, experiencias similares están siendo constelizadas, el terapeuta--ser humano con historia e inconsciente, al fin y al cabo--también proyecta sus vivencias sobre el analizando, a este fenómeno lo llamamos contratransferencia.

[6] "resonancia emocional". Se refiere a la posibilidad de cada sujeto de sentirse afectado por determinada situación.

[7] Pareciera que a muchos de nosotros nos preocupa más “cumplir” con un trabajo, usando y aplicando técnicas  que en múltiples ocasiones  para nada se toma en cuenta al paciente como una persona integral.
[8] La teoría de sistemas (TS) es un ramo específico de la teoría general de sistemas (TGS).La TGS surgió con los trabajos del alemán Ludwig von Bertalanffy, publicados entre 1950 y 1968. La TGS no busca solucionar problemas o intentar soluciones prácticas, pero sí producir teorías y formulaciones conceptuales que pueden crear condiciones de aplicación en la realidad empírica.
1.        Los sistemas existen dentro de sistemas: cada sistema existe dentro de otro más grande.
2.        Los sistemas son abiertos: es consecuencia del anterior. Cada sistema que se examine, excepto el menor o mayor, recibe y descarga algo en los otros sistemas, generalmente en los contiguos. Los sistemas abiertos se caracterizan por un proceso de cambio infinito con su entorno, que son los otros sistemas. Cuando el intercambio cesa, el sistema se desintegra, esto es, pierde sus fuentes de energía.


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